DOMINGO SOLA
Amaneció un poco mejor, sueño profundo, por momentos despertaba en la madrugada, apenas podía abrir los ojos y ver el reloj en la mesita de noche, volvía a caer en un profundo sopor, aun dormida sentía la presencia masculina en la habitación, su olor, sus movimientos, su ir y venir por el cuarto.
Despertó a las siete de la mañana, ni pizca de sueño ya, un vacío en el plexo solar esta ansiosa, con la ansiedad que se siente cuando se espera algo largamente, algo que no llega.
Llego a las siete veintiocho, llamada sin ceremonias, corta, sucinta pero tranquilizadora, no decía lo que esperaba pero quito el vacío en el vientre.
Se levantó, desnuda como estaba camino por la habitación abrió las ventanas y sintió el viento helado recorrer toda su piel, volvió a la cama, recordó lo pasado le noche anterior, una desilusión total la invadía lloro mucho, pero esta vez si hubo lagrimas, fue como limpiarse por dentro.
No fuè como cuando el la dejó, llanto convulsivo sin lagrimas, un lamento que le escapaba del pecho y llegaba hasta su garganta, un grito dolorido que le desgarraba las entrañas.
Hoy por el contrario, solo corría limpiando su interior, lloraba suavecito sin ruido, dejando fluir el manantial de sus ojos.
Después sintió unas ganas locas de un café que la reanimara, seguía sin apetito, así que levanto el auricular del teléfono y pidió solo jugo y café.
Mientras esperaba, asomada a la ventana, contemplaba el ir y venir de la gente seis pisos mas abajo en la ruidosa calle, esa hermosa y fría mañana de domingo, resintió el no estar disfrutando como los dos planearon.
Se dio cuenta que otra vez dependía, esperaba cosas de “alguien”, eso la frustraba siempre, nunca los resultados eran los mas alentadores.
Decidió no aguardar mas, tendría que actuar.
Después de tomar el café se sintió mas animada, tomo una ducha y arreglándose con esmero se miró al espejo lucia linda, toda vestida de negro, botines de tacón alto, el pelo largo suelto le daba un aire descomplicado y juvenil.
Tomo su bolso, se dirigió a la calle un poco asustada pues no conocía bien aquella gran ciudad.
Frente a la puerta giratoria del hotel, se detuvo pensativa mirando en varias direcciones, finalmente decidió que rumbo tomar y echo a andar.
Mientras caminaba disfrutaba todo lo que encontraba a su paso, gente en bicicleta, ventas de cacharros viejos, el bullicio, la brisa helada que agitaba su pelo, la hermosa vista de las montañas entre calle y calle.
Ella era un animal de ciudad y esta le encantaba, adoraría vivir aquí, no habría dudado si el se lo hubiera propuesto.
Conocía bien poco, por lo que todo para ella significaba una sorpresa.
Vio a una nena de unos dos años arrebatar el bastón a una anciana que pasaba por ahí, y como su padre entre apenado y divertido con la travesura infantil intentaba devolverlo a su dueña, una escena tierna y fuera de lo común que hizo sonreír a mas de un transeúnte.
Siguió su camino, pasó frente a una carreta repleta de fresas rojas, frescas, apetitosas que invitaban a morderlas casi con placer lascivo,.
Caminó a la par de familias enteras que paseaban a esa hora tranquilamente.
Entró a un mini bazar donde se ofrecía de todo, velas aromáticas, viejos discos de acetato, hasta grandes y antiguos gramófonos, radios de bulbos, ropa y zapatos usados que vieron mejores épocas, un traje de soldado romano digno de la mejor guardia pretoriana de algún cesar venido a menos y hasta unos viejos cascos de samurai, cosa rara, se preguntaba si habría realmente algún comprador para tan singular mercancía.
Encontró un parque detrás del museo de arte moderno, prefirió no entrar, caminó entre árboles, niños, perros, vendedores ambulantes, hizo caso de un impulso repentino, se descalzo y camino por la grama, sentía el mullido colchón de hierba bajo sus pies, ahí en soledad su cuerpo despertaba con la brisa helada entrando a su cuerpo a través de sus desnudos pies.
Se sintió niña otra vez saboreando un helado, el frío ya no estaba solo en sus pies sino también dentro de ella, ahora se daba cuenta estaba viva, despierta, confundida, con temor, enojada, herida, pero todas las emociones las disfruto a fondo, el día bien había valido la pena, seguiría su vida, se recuperaría muy pronto,
Fueron días intensos, pago sus errores, sufrió sus dolores, revivió penas y temores, pero también disfruto con el intensamente.
Por momentos toco el cielo, creyó encontrar lo que buscaba,
Valió la pena el resto.