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Divagando en el diván de la diva

19-09-2005 18:11:28

ENCUENTRO CASUAL (1)


Fue un encuentro casual.....caminaba sola al atardecer de aquél caluroso día, había poco trabajo y decidió escapar.
Aún tenia cosas por hacer, repaso mentalmente la lista de actividades pendientes, recoger el uniforme de su hija, ir al centro comercial a buscar aquel libro recomendado por el profesor de redacción e ir a cambiarse para la clase de baile.
El reloj de la catedral, marcaba las 5 de la tarde, tenia algo de tiempo, llegó hasta la avenida que bordeaba el río para caminar un poco sin prisa.
Suspiro profundamente., aspirando la vida que bullía entre aquellos añosos árboles, no había mucha gente , camino a sus anchas sintiendo en su rostro la fresca brisa que llegaba desde el río que jugaba con su pelo largo.
Después de un rato buscó un sitio donde sentarse para mirar las aguas mansas que corrían sin prisa.
Distraída no lo vio llegar y ocupar un sitio en la misma banca en la que ella estaba..
Se dio cuenta de su presencia cuando el le pregunto la hora , levanto la mirada para contestar y lo vio por primera vez, era un hombre de unos cuarenta y cinco años fornido, blanco, le llamó la atención su pelo negrísimo brillante pero especialmente aquellos ojos que curiosos la miraban, de un color indefinible entre ámbar y verde, bordeados por espesas pestañas,claros e inocentes como los de un niño, en ese preciso instante deseo intensamente que nunca dejara de mirarla.
Fue tal el impacto que su corazón empezó a latir apresuradamente, llevo la mano derecha hasta su pecho como para acallar aquella loca carrera temiendo que él pudiera escucharlo.
Quedaron un momento en silencio, ninguno atinaba a decir nada, pero estaban muy concientes el uno de la presencia del otro.
Ella rompió el silencio e hizo algún comentario sobre lo bien que se estaba ahí, fue como derribar una barrera , hablaron largamente, como si se conocieran de toda la vida, tocaron todos los tópicos posibles, hablaron del tiempo, de música, de sueños largamente acariciados, no se dieron cuenta en que momento se encendieron las luces de la ciudad , se despidieron sin siquiera haberse dado sus nombres, pero sabían tanto el uno del otro como viejos camaradas.
Tomó rumbo a casa como alucinada, era de noche pero ella miraba todo con una luz diferente, se sentía eufórica, feliz, como si hubiera encontrado un precioso tesoro esperado por largo tiempo
Lo último que vio antes de caer en un profundo sueño fueron aquellos ojos dulces.
Durmió plácidamente, a la mañana siguiente se sentía renovada recordaba cada detalle de aquel encuentro, en algún momento se preguntó si era verdad o solo fruto de su imaginación, ya no pudo estar tranquila, deseaba comprobar que aquel hombre existía, pasó el resto del día pendiente de las horas que para ella discurrían muy despacio, apenas podía concentrarse en el trabajo, esperaba la hora con una chispa de ilusión prendida en el alma.
Recordó que no sabia su nombre, no hicieron una cita y encontrarlo otra vez era casi imposible.
Antes de salir se miro al espejo, retocó el maquillaje peino su cabello y con mariposas haciéndole cosquillas en el vientre marchó por la misma senda que recorrió el día anterior.
El camino fue eterno, no escuchaba más que los latidos de su corazón, al llegar recorrió con la mirada el lugar, y la sorprendió la dulce mirada que tanto recordaba, su regocijo no tuvo limites y con una amplia sonrisa se acercó a él, no hubo necesidad de explicaciones, un rápido beso en la mejilla a modo de saludo y echaron a caminar por la senda que conducía al mirador para contemplar el paisaje .
Fueron horas gloriosas en las que el tiempo transcurrió sin que apenas se dieran cuenta, charlaban animadamente, pero a ratos los largos silencios decían mas que mil palabras.
Compartieron el humo errante de un cigarrillo, los envolvía como una nube en la que solo ellos existían,.
Una vez más llegó la hora de la despedida se tomaron de las manos con el corazón apretado de angustia, no deseaban separarse lo sabían los dos sin decirlo, prometieron encontrarse ahí todos los días a la misma hora.
Ahora tenia la certeza, era amor lo que sentía, el que tanto esperó, del que dudó que estuviera hecho para ella, la colmaba, la llenaba toda, se sentía plena de sueños e ilusiones.
El había dicho que sus vidas empezaban cuando se conocieron y era verdad, el pasado no existía, una vida nueva los esperaba, , pensar en compartir el resto de su existencia junto a él la inundaba de un jubilo inexplicable y en ese momento deseo tenerlo cerca, estrecharlo para no dejarlo escapar.
Así transcurrió una semana, siete días de felicidad sin limites, reían, se miraban a los ojos, intuían la complicidad y el amor absoluto que los unía, aunque se deseaban intensamente decidieron aplazar la mutua entrega, no querían trivializar ese momento que adivinaban único.
Aquella tarde de viernes, a ella se le hizo tarde, al llegar miró desolada el lugar, no lo encontró, sus ojos desesperados buscaban entre la gente que rondaba por ahí, no atinaba a comprender porque no la había esperado, mil dudas inundaban sus pensamientos.
La mujer del puesto de flores, testigo de sus encuentros, se acercó a ella, discretamente le entrego un nota, sin abrirla sabia que era de él, se notaba la rapidez con la que escribió, llanamente explicaba que un asunto de trabajo le impidió esperarla, dejaba un beso cariñoso y firmaba la nota un “siempre tuyo.....”
Caminó despacio desilusionada por no verlo anhelando la cita siguiente, él le contaría cuanto la extrañó, imaginaba que la abrazaría fuerte y un beso la haría olvidar aquellas horas de ansiedad sin su presencia.
Pasó un día y otro y otro, llegaba siempre con un nudo en la garganta, esperanzada, con fe de hallarle en el lugar de siempre, aquellos ojos dulces puestos en ella, pero él nunca más acudió a la cita.
Poco a poco abandonaba la idea del encuentro, abatida imaginaba mil razones, fantaseaba con incidentes graves, se preguntaba si todo fue un burdo engaño o un sueño del que ya había despertado.
Abandonó el rito, la búsqueda, perdió el aliciente, mas nunca lo olvida, aún guarda una pequeña luz, una quimera la acompaña siempre.




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Comentarios

  1. siempre hay una nueva luz..un poco de luz

    felipe — 22-09-2005 16:47:31

  2. Una semana de amor verdadero... Aunque uno siempre quiere más, creo que esos siete días de por sí, ya son un tesoro. Porque lo que se vivió intensamente, de alguna manera, es infinito.

    Y uno siempre vuelve a los contados momentos en que la existencia, tuvo sentido...

    Saludos...

    Raúl — 09-12-2005 17:24:44


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