REGALAME LA LUNA
Sueño, fantasía, posibilidad, promesa, anhelo.
Quizá la niña aferrada al cuello de su padre imagina a su todopoderoso protector trayendo aquel manjar a sus manos mientras miran el oscuro firmamento y comparten la pálida luz de aquel cuerpo celeste, en su inocencia, ella la use como una gran pelota en la playa de sus juegos.
Tal vez la quinceañera soñadora y feliz de la mano de su pristino amor después de su primer beso suspira, sin palabras solo con miradas la pide a su flamante príncipe azul, para colgarla detrás de la puerta de sus sueños donde guarda y atesora sus mas caras fantasías, ahí no existen imposibles y la eternidad la lleva dulcemente de la mano de aquel amor.
Que decir de aquella mujer, la que inicia una nueva vida y cree haber encontrado el verdadero amor, pronuncia votos de amor eterno e ilimitado, se entrega en cuerpo alma mente corazón espíritu y voluntad y en silencio en aquel recinto sagrado sueña y suspira en lo desconocido, confiadamente busca la encendida mirada de aquel que la acompaña en su aventura, solo anhela arrancarle la promesa de tan fundamental obsequio para adornar el nido que cobijará su amor eterno, donde todo el que quiera podrá admirar la magnanimidad de tal presente..
O la petición se encuentra en la ardiente mirada de una amante furtiva , la apasionada que esconde la clandestinidad de sus amores en un resguardado rincón, su sitio secreto, donde besos abrazos caricias estertores y gemidos son el único lenguaje posible y la sensación física esconde el secreto sueño, el regalo del amado para tenerlo entre las hojas de su ajado libro de poemas y a solas, a hurtadillas abrirlo para contemplar la mustia luz que penetra de sus ojos a su alma..
Todos ansiamos con afán un trozo o toda entera a la lejana e inalcanzable luna........deseamos poseerla sentirnos dueños y señores de tan precioso tesoro......... más que la luna soñamos en secreto decirle a alguien REGALAME LA LUNA no para alojarla junto con nuestros mas preciadas posesiones sino como signo y señal precisa del afán de alguien por complacer la inefable idea que nos abarca cuando pedimos con la voz o con miradas